Qué hacemos, en la red
Intimidad en riesgo
La gestión de la identidad se reconoce, de manera creciente, como una piedra angular de las comunicaciones y transacciones electrónicas, con aplicaciones en comercio electrónico, redes sociales, gestión de historiales médicos, administración en línea o identidad corporativa, entre otros.
Hoy en día Internet ofrece numerosas soluciones telemáticas como facturación electrónica, visado digital, voto electrónico, firma electrónica, carné de identidad digital, formularios telemáticos, certificado digital, receta electrónica, etc. Todas ellas opciones basadas en la encriptación de datos y en la utilización de dispositivos inteligentes como claves, tarjetas y generadores de contraseñas que permiten la autenticación.
Asimismo, se encuentra masivamente implantado el protocolo HTTPS, un sistema cifrado para la transferencia de archivos confidenciales que puedan incluir datos personales o financieros.
La política actual de protección de datos supone que los usuarios deben aceptar explícitamente las condiciones de los servicios digitales a los que acceden, y se responsabilizan de la veracidad de los datos que aportan. A cambio, las empresas e instituciones que disponen de sistemas de recogida y gestión de datos personales deben garantizar que el sitio cumple con los requisitos de protección y privacidad de los datos que se recogen.
A pesar de estas medidas preventivas, la usurpación y el uso fraudulento de la identidad son problemas comunes en el mundo virtual. Son frecuentes los delitos ligados a falsas identidades, como el robo de identidad, los fraudes y los plagios.
Un hacker tiene la capacidad de revelar y mejorar el funcionamiento de un sistema de seguridad, e incluso puede contribuir a detectar webs que desarrollan actividades delictivas, como plataformas con contenidos pronazis o pederastas. Los crackers, en cambio, son piratas informáticos que utilizan sus conocimientos para vulnerar los sistemas de seguridad ajenos y obtener cierta información que les reporte un beneficio.
La pesca (en inglés, phishing) es una modalidad de estafa por correo electrónico diseñada para acceder de manera fraudulenta a cuentas bancarias. Los mensajes contienen formularios, o remiten a una web falsa, de apariencia similar a los que utiliza la entidad. Se pide al destinatario que introduzca datos confidenciales y claves financieras como contraseñas y números de identificación vinculados a cuentas bancarias y tarjetas de crédito, aunque en realidad la entidad bancaria nunca pide esta información por correo electrónico.