Para existir en el ciberespacio, es decir, para actuar en Internet, hay que tener una representación virtual, real o ficticia. Esta representación la vamos construyendo poco a poco, a medida que nos conectamos a la red, nos damos a conocer e interactuamos con otros individuos, nativos o inmigrantes digitales.
La identidad virtual hace que los demás nos reconozcan y nos tengan en cuenta en la sociedad red, una comunidad con normas de convivencia propias. La socialización en el mundo virtual llegará a ser tan importante como en el mundo físico, y eso es, sencillamente, porque las relaciones de confianza (o desconfianza) y de poder (o contrapoder) también se están construyendo en Internet.
Conocer las ventajas y los riesgos de tener una presencia en Internet es fundamental para gestionar adecuadamente la identidad digital. Dominar las formas y las herramientas con las que cada persona puede construir su presencia, visibilidad y reputación en la red es imprescindible para seguir viviendo en sociedad en la era de la información.